Con frecuencia, engañan las apariencias externas, tal como me asombró en el caso de aquella joven paciente catatónica. Tenía dieciocho años y procedía de una familia culta. A los quince años fue seducida por su hermano y abusaron de ella sus compañeros de escuela. A partir de los dieciséis años vivió aislada. Se ocultaba ante los hombres y acabó por identificarse en sus sentimientos con un mastín malo que pertenece a los demás, y con quienes intentaba reconciliarse. Se volvió cada vez más extraña y a los diecisiete años vino al frenopático, donde permaneció año y medio. Oía voces, rechazaba los alimentos y mudó la voz por completo (es decir, no habló más). Cuando la vi por vez primera se encontraba en un estado típicamente catatónico. En el transcurso de varias semanas logré paulatinamente hacerla hablar. Después de superar tenaz resistencia me contó que había vivido en la luna. Ésta estaba habitada, pero al principio sólo vio hombres. Éstos la habían llevado consigo a una morada «sublunar» donde se hallaban encerradas sus mujeres e hijos. Sobre las altas montañas de la luna habitaba un vampiro que raptaba y mataba a los niños y mujeres, por lo cual la población selenita estaba amenazada de exterminio. Tal era la razón de la existencia «sublunar» de la mitad femenina de la población.
Mi paciente decidió ahora hacer algo por la población de la luna y se propuso destruir al vampiro. Después de largos preparativos, esperó al vampiro sobre la azotea de una torre que se construyó con este fin. Al cabo de una serie de noches lo vio por fin aproximarse volando desde lejos, como un gran pájaro negro. Tomó su largo cuchillo para el sacrificio, lo ocultó entre sus ropas y esperó su llegada. Repentinamente apareció ante ella. Tenía varios pares de alas. Bajo éstas, su rostro y toda su figura quedaban ocultos, de modo que ella no podía ver más que sus plumas. Estaba extrañada y le picó la curiosidad por lo que decidió saber qué aspecto tenía. Se acercó a él sosteniendo el cuchillo en su mano. Entonces el pájaro abrió sus alas y ante ella apareció un hombre divinamente hermoso. La estrechó entre sus brazos alados con un garfio de hierro de modo que ella ya no podía servirse del cuchillo. Además, quedó tan hechizada por la mirada del vampiro que no hubiera sido ya capaz de acuchillarlo. La levantó del suelo y voló con ella.
Después de esta revelación pudo hablar sin impedimentos y volvieron a presentarse sus resistencias; y le había cerrado el camino de regreso a la luna, ya no podía marcharse de la tierra. Este mundo no es hermoso, en cambio la luna sí lo era y la vida allí estaba llena de atractivos. Algo más tarde tuvo una recaída en su catatonía. Deliró durante cierto tiempo. Cuando al cabo de dos meses fue dada de alta, se podía volver a hablar con ella y progresivamente fue viendo que la vida sobre la tierra es algo inevitable. Pero desesperadamente se resistió a aceptar la inevitabilidad de la vida y sus consecuencias, y tuvo que ser internada nuevamente.
Una vez la visité en su celda y le dije: «¡Todo esto no le servirá para nada, no puede ya regresar a la luna!» Me escuchó en silencio y completamente indiferente. Esta vez permaneció poco tiempo en el frenopático y aceptó resignadamente su destino.
Se colocó de enfermera en un sanatorio. Allí había un médico asistente que intentó acercarse a ella de modo poco atento, a lo cual ella respondió con un disparo de revólver. Por suerte sólo le ocasionó una leve herida. ¡Así pues se había procurado un revólver! Ya anteriormente había llevado consigo un revólver cargado que a última hora, al terminar el tratamiento, me entregó. Ante mi asombro, dijo: «¡Con él le hubiera matado a tiros si me hubiera usted faltado!» Cuando se repuso de la excitación a causa del disparo regresó de nuevo a su país. Se casó, tuvo varios hijos y sobrevivió a dos guerras mundiales en el Este sin experimentar ninguna recaída.
Marie-Louise von Franz, una analista jungiana, hace un comentario muy interesante sobre el caso que revela la perspectiva de Jung en torno a la imaginación y la fantasía (Vía). Para Jung esta paciente había vivido realmente en la Luna:
“Lo que sucede psíquicamente es la realidad verdadera, y esta otra Luna, este desierto pedregoso, que gira alrededor de la Tierra, es una ilusión o es solo una pseudo-realidad.”
Así que en ese sentido ya muchos de nosotros hemos visitado la Luna. Esa Luna de la realidad psíquica la encuentro más interesante que la otra.
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